El Detenernos-Mirar-Responder que recomienda Br. David implica también escuchar. Queremos ver, tocar, saborear, pero… ¿escuchar? Recuperar la escucha atenta puede beneficiar nuestra relación con nosotros mismos y con los demás.

En nuestra sociedad, mostrarnos perceptivos, sensibles, puede convertirnos en objeto de bullying. No nos conviene ser percibidos en un grado de sensibilidad diferente. Entonces resulta que hablar no vale lo mismo que escuchar. Lo que seamos capaces de decir y, por supuesto, de sostener, argumentar, defender, es reconocido. ¿Quién sería estimado del mismo modo por saber escuchar?
Aún si hubiera alguien que construyera su autovaloración en ese sentido, solo sería apreciado si pudiera “hacerse” algo con eso. En resumen: un sentido que fue crucial en el comienzo de la vida para interrelacionarnos queda relegado con el paso del tiempo. En la etapa productiva de las personas, oír queda reducido a una mera función, en desventaja respecto a los otros sentidos, que sí parecen protagonizar la concreción de nuestros intereses. En nuestro apogeo de relación con el mundo, queremos “ver” más, queremos “tocar” todo lo que pudiera tocarse, “saborear” todo lo que pueda degustarse. ¿Pero escuchar? Me animo a decir que no existe el mismo interés. Y si a este aspecto mediocre de la escucha en las relaciones humanas, le agregamos el déficit de una escucha introspectiva donde solo escuchamos voces críticas propias e internalizadas, y donde no es posible dialogar amablemente con uno mismo…
Prestamos poca atención a lo que oímos, y menos atención a lo que podríamos escuchar.
Y si agregamos la falta de costumbre o educación para desarrollar un gusto estético por la escucha, siendo que vivimos en una época donde está disponible toda la música del mundo, de todas las épocas… Y si agregamos el tener que lidiar con el entorno sonoro hostil de nuestras ciudades, donde vivimos la mayoría, sin siquiera buscar compensar eso con salir a la naturaleza, en la medida que se pueda, para descansar los oídos… En definitiva, prestamos poca atención a lo que oímos, y menos atención a lo que podríamos escuchar.
Brother David tiene una frase que es la que más recuerdo. Sencilla y tan profunda que, según mi comprensión, renovaría de instante en instante las posibilidades de vivir una vida mejor: “Stop, look and go”. Le he sumado a esa invitación, la intención de escuchar de verdad lo que hay para escuchar en esa pausa. Y puedo comprobar cada vez que intento hacerlo, que ese “alguien” que se detiene y toma distancia y perspectiva por un momento de lo que está viendo o haciendo, también escucha.
Daniel Tocchini
Daniel Tocchini es counselor, músico y escritor. Tiene un postgrado en procesos de acompañamiento en desarrollo personal, crisis vitales y duelos. Es creador de Escucha Esencial®, que integra recursos de las neurociencias con la apreciación musical. Cursó la carrera de canto lírico en el conservatorio Manuel de Falla de la ciudad de Buenos Aires. Es autor de las novelas “Gardelia” (Editorial Gran Aldea, 2022) y “La laguna de Offer” (Editorial Sudamericana, año 2000).
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