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100 años de Brother David Steindl-Rast

“Cuando la contemplación y la gratitud se convierte en compromiso”. Con estas palabras resume Gustavo Rodio la vida y el legado de Br. David Steindl-Rast al cumplir 100 años, y nos ofrece una crónica de los festejos del cumpleaños. ¡Felicidades!


Hay viajes que elegimos y otros que llegan a nuestras vidas como regalos, nos eligen y comprendemos que nos estaban esperando.

La mañana del viernes 10 de julio de 2026, llegué al Europakloster Gut Aich, en St. Gilgen, a una hora de Salzburgo, Austria. Fuí invitado a participar de las celebraciones de los cien años de Brother David, de la mano de Betto Rizzo y Lizzie Testa, fundadores de Vivir Agradecidos de Argentina. Sabía que iba a asistir a un gran evento. Imaginaba conferencias, encuentros y celebraciones. Todo eso ocurrió, pero sucedió mucho más de lo que imaginaba, dado que el estar allí me llevó a lugares profundos y reflexiones significativas.

Muy pronto comprendí que el verdadero acontecimiento no era solo el cumpleaños. Era descubrir cómo una vida puede convertirse en un lugar donde otros encuentran inspiración, hermandad, hogar y sostén.

Mientras caminaba por los senderos del monasterio, lugar donde Brother David reside, comprendí que su legado no vive únicamente en sus libros, ni en sus conferencias, ni siquiera en las frases que tantas veces hemos citado.

Vive en las personas que allí vivieron y viven.
En la forma en que se saludan.
En la hospitalidad con la que reciben a cada huésped.
En el silencio compartido.
En el cuidado de una huerta.
En la belleza en cada rincón.
En el respeto por la naturaleza.
En el arte expresado de muchas maneras.
En la multiplicidad de miradas.
En las sonrisas.
En los gestos, la gentileza, la ternura y la fuerza.

Allí volví a sentir que la gratitud es mucho más que decir gracias. La gratitud es una actitud de vida que invita a estar en relación con todo lo que existe, a abrir nuestra contemplación, y que puede convertirse en una cultura. Es una manera de habitar el mundo.

Un monasterio que mira hacia el futuro

El Europakloster Gut Aich tiene apenas unas décadas de existencia, pero su espíritu parece antiguo. El sitio donde hoy está el monasterio tiene casi 800 años de historia. A lo largo de los siglos fue una finca agrícola, una fábrica de vidrio y, durante buena parte del siglo XX, un hogar para niños administrado por religiosas franciscanas antes de transformarse en el actual monasterio benedictino.

Se llama “Europa Kloster”, Monasterio de Europa, porque nació con una misión muy particular: contribuir a la reconciliación, la paz y el diálogo entre los pueblos de Europa que continúan buscando caminos de encuentro.

Su símbolo resume esa vocación:

Una cruz en el centro, como punto de encuentro entre lo divino y lo humano, que se expande hacia las cuatro direcciones.

Círculos concéntricos que se expanden uniendo e integrando la pluralidad y el centro.

Todo comienza en un centro.

Y aquello que encuentra su centro, puede abrirse hacia las direcciones del mundo sin perderse.

La espiritualidad de los pequeños gestos

Uno de los momentos que más profundamente me conmovió ocurrió durante las Laudes, la oración de la mañana. No fue una gran ceremonia: fue un gesto de presencia profunda y reparadora. Un hermano benedictino se acercó a una persona que se veía estaba atravesando un momento de conmoción. Esta persona estaba en un sector de la capilla donde hay una pequeña gruta dedicada a María. El hermano se acercó, encendió dos pequeñas velas, puso una en la palma de la mano de esta persona y la otra en su propia mano, y se quedaron en silencio sosteniendo un tiempo sin tiempo, abrazados por el silencio. Al contemplar lo que sucedía, sentí la profundidad sanadora y reparadora que tienen los pequeños gestos.

Permanecieron unos instantes en silencio, y luego cada uno siguió con su camino. Eso fue todo. Sin embargo, ver y sentir esta imagen tan sencilla de lo que significa cuidar a otro fue muy enriquecedor. Comprendí una vez más que la contemplación nunca termina en uno mismo. Siempre encuentra alguna forma de convertirse en presencia, presencia viva y humana.

Quizás este sea uno de los grandes legados de Brother David. La espiritualidad no consiste en escapar del mundo, sino que consiste en aprender a estar plenamente presentes en el mundo.

La ceremonia de los cuatro elementos por el cumpleaños

Durante una de las celebraciones en honor al cumpleaños del Brother vivimos un hermoso ritual dedicado a los cuatro elementos: tierra, agua, fuego y aire.

La ceremonia la llevó a cabo el abad del monasterio, el hermano Thomas Hessler, y tuvo lugar en el claustro del monasterio. Un espacio muy cuidado y armónico, que consta de un patio central con galerías a los cuatro lados, donde estábamos todos reunidos para celebrar la vida de Brother David.

El hermano Thomas guió con ternura y cuidado cada movimiento, y acompañó a Br. David en el recorrido por los cuatro elementos.

El ritual inició con el elemento Tierra, acompañado por un árbol de tilo. La Tierra nos recordaba el origen, la infancia, las raíces desde donde viene la vida de Brother David: Todo aquello que lo sostuvo aún cuando ya no lo vemos, pero que está en las raíces profundas de su ser.

Luego siguió el elemento Agua, que evocaba la vida que nutre silenciosamente todos los frutos. Agua viva que lleva vida.

Siguió con el Fuego, elemento de transformación, y allí Lizzie Rizzo, como representante de Vivir Agradecidos de Argentina, ofreció incienso al fuego y compartió unas sentidas palabras. El fuego habla de transformación, de poner luz en la oscuridad, de reunirnos alrededor suyo como comunidad. Es la luz la que aparece precisamente en medio de la oscuridad.

Por último, el Aire nos abre al misterio del Espíritu que anima toda la creación, y que está presente en todas las cosas.

Mientras participaba del ritual pensé que estas dimensiones son partes muy importantes de una vida verdaderamente humana.

Todos necesitamos raíces. Todos necesitamos ser nutridos. Todos necesitamos atravesar nuestras sombras e iluminarlas, y transformarnos con el fuego. Y todos necesitamos recordar que existe un Soplo Divino que nos trasciende.

La ceremonia concluyó con cantos y música en vivo. Un cumpleaños lleno de encuentros y de gozo.

El jardín del paraíso

Otro espacio que forma parte del Europa Kloster es el jardín del paraíso, un espacio dedicado al cultivo de hierbas aromáticas y diversas plantas medicinales. Todo era un canto a la Creación: las plantas, las flores, las cabras pastando, los símbolos en las paredes, los senderos, los árboles, las frases distribuidas entre los jardines invitando a detenerse y a entrar en relación con lo que estabas contemplando. Todo nos recuerda que la naturaleza es parte de la vida espiritual.

Recordé entonces una imagen que me acompañó durante todo el viaje. La imagen y metáfora del jardinero. Quien cuida la tierra, sabe de sus ciclos, de sus tiempos y de su generosidad. Pensé que Brother David ha sido eso para miles de personas. Un jardinero sabio que supo cuidar lo esencial, lo visible e invisible. Alguien que cuida las condiciones para que la vida vuelva a brotar en cada momento.

Un siglo que da frutos

Entre tantos invitados, Tuve el privilegio de compartir un breve momento con Brother David.

No necesitamos muchas palabras.

A los cien años, su presencia es un faro que ilumina, su mirada transmite mucha conexión, despertando un sentimiento profundo de ser visto y abrazado, y sus sonrisa evoca y trae siempre a la superficie a su niño abierto al asombro.

Mientras lo observaba rodeado de personas de distintos países, generaciones y tradiciones, comprendí que el verdadero homenaje eran los frutos que estaba cosechando. Una comunidad viva. Amistades nacidas alrededor del mundo y cosechadas a lo largo de los años, algunas muy antiguas y otras recientes. Su amistad con Thich Nhat Hanh, el Dalai Lama, Thomas Merton y tantos otros líderes.

Sentí que muchos proyectos fueron inspirados por sus enseñanzas, como los encuentros por la paz, el diálogo interreligioso, la expansión de la conciencia, la hermandad universal. Personas comprometidas con la paz, con la reconciliación, con la contemplación, con la gratitud y con el cuidado de la Tierra.

Una vida que dejó huellas muy fecundas. Una vida que se multiplica en muchas otras.

En el ingreso del monasterio encontré una publicación con una antigua foto. Era sobre la Marcha por la Paz y el Desarme Nuclear en Nueva York, en junio de 1982. Fue una de las mayores manifestaciones pacifistas de la historia: entre 700.000 y un millón de personas, donde estuvieron presentes Brother David, Thich Nhat Hanh, Lewis Richmond y Richard Baker Roshi.

Cuando la contemplación se convierte en presencia viva

Durante años escuché a Brother David repetir que la gratitud tiene tres movimientos:

Abrir los ojos, para contemplar.

Abrir el corazón, para estar en relación.

Abrir las manos, para ser acción en la familia humana.

Creo que, sin darme cuenta, este viaje también fue recorriendo esos pasos.

Me detuve en muchos momentos a contemplar miradas, colores, sonidos, aromas, arte y abrazos.

Después me dejé tocar en mi corazón por esos encuentros, para abrir mis manos al mundo y el intercambio, al servicio, a la interconectividad y la acción consciente, para dejar que todo lo vivido encuentre nuevas formas de convertirse en presencia.

Festejos en compañía de las personas queridas

Al despedirme de Gut Aich comprendí que regresaba con una convicción más profunda. La paz comienza en un corazón reconciliado. La gratitud puede aprenderse. Puede vivirse y puede ser brújula del camino. La contemplación alcanza su plenitud cuando se convierte en cuidado y gentileza.

Quizás el legado más hermoso que una persona pueda dejar no sean sus libros ni sus conferencias, sino una comunidad capaz de seguir viviendo, muchos años después, aquello que él mismo encarnó.

Brother David cumplió cien años.

Pero mientras caminaba por aquellos jardines, tuve la sensación de que no estaba celebrando la longevidad de un hombre. Estaba celebrando la fecundidad de su vida.

Y comprendí que esa es, quizás, la forma más hermosa de trascendencia.

Vivir de tal manera que nuestra manera de amar continúe floreciendo en otros.

Gracias por tan hermoso regalo, gracias por ser parte de esta hermosa celebración.

Gustavo Francisco Rodio, lunes 14 de julio de 2026


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