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El silencio… ¿será?

Buscamos el Silencio porque allí nos confrontamos con las preguntas más profundas y las respuestas que no pueden ser puestas en palabras. El Silencio es ese espacio sagrado donde nace la gratitud; es el punto de encuentro con el Misterio.


Desde hace tiempo lo busco. Lo hago allí, en ese espacio que -tercamente- me reservo para callar. Inicialmente creí que con un tiempo mudo por la mañana bastaría. Y que así, durante el día, trabajo y relaciones, irían mejor. No alcanzó. Era sólo un primer paso. Poco a poco, a tropezones lo fui descubriendo. Y los maestros para ello han sido inesperados. (¡Cuánta nostalgia por esa fantasía inicial de que el avance sería siempre para arriba, como una línea ascendente ininterrumpida!)

En mi búsqueda del silencio, intuía que en él había algo más.

Durante mucho tiempo mi silencio fue gobernado sólo por la consigna conocida: “ser esclavo de las palabras y dueño de lo no dicho”. Pero allí, no estaba. Encontraba la voz aturdidora de mi yo inflado enmascarado. Y una y mil veces a mi pensar y mi sentir -claves y necesarios- pero que dicen menos de mí de lo que creía. Y del silencio menos aún.

Leo incansablemente. En el saber y en el hacer busco. Una y otra vez disfruto, aunque también, agrego ruido. Nuestro contexto actual me bombardea de estímulos. Escudriño en la red un tema de interés y aparecen tantas nuevas cosas para aprender, tantas nuevas verdades para comprar, me despierta tanta avidez que, sin darme cuenta, salgo de mí en busca de algo, alguien, que parece estar más allá de este afán.

Tampoco en la acumulación y proliferación de doctrinas y manuales encuentro el Silencio.

Otra fuente de perturbación es, con cuánta facilidad me encaramo sobre mi propia loma para levantar el índice apuntador, juzgando o escupiendo pequeñas verdades que no inspiran sino aplastan. “Por los frutos los conocerán”, así nomás. ¿Cómo quedo? Con ese feo sabor de amargor y vacío, que lo hace más aversivo no reconocer en mí su origen.

Aprendí que el silencio es compañero permanente del vivir.

¿Dónde encuentro entonces el Silencio?

Está allí, donde la Vida habla más hondo. En el espacio necesario para que el Misterio sea parido. Una y otra vez, no como un acto inicial definitivo. Un nacer continuo, evolutivo, complejo y hasta caótico. Es un Misterio que resplandece sí, pero no allá lejos, intocable, sino en lo profundo de este devenir. Entreverado con el barro cotidiano. Con la tragedia también de cada día. Y con la belleza de cada momento.

En el Silencio puedo escuchar las preguntas más esenciales y las respuestas que no quedan atrapadas en nuestras humanas palabras. Silencio, es la tierra fértil donde brota la gratitud y surge, callada, la Presencia. No irrumpe a los gritos nunca. Señala en susurros por donde ir, pisando el suelo sagrado del momento presente, para encontrarte, Presencia.

Aprendí que el silencio es compañero permanente del vivir.

La práctica mañanera de buscarlo más sistemáticamente en la meditación o en la oración contemplativa, apunta a reconocerlo a mi lado durante la jornada. Aspiro que sea la fuente desde la cual parten mis palabras y acciones. Que sea el observador amoroso de mi mente y emociones. Que señale así, en puntas de pie, como lo hace, de dónde vienen y adónde van mis impulsos y pontificaciones. No para que me enoje, sino para sólo, brevemente, reconocer su origen, reírme de mi máscara y dejarla de lado.

Silencio, el centro estable en medio del girar del día y de la vida. Cuando me guía descubro que, de su mano, la Presencia murmura… “Aquí estoy”. No lo grita porque nunca se impone. Necesita que sea yo quien dé los pasos para el encuentro, aunque, desde siempre, está ahí, a la espera. Y entonces, regreso a casa. Todo mi ser experimenta que no estoy solo. No más correr ni buscar fuera. Me habita la Presencia y en ella, soy yo más que nunca.

Gracias, Silencio, mi guía.

Patricio Grehan


Patricio Grehan tiene una comprometida y larga trayectoria en el sector social y empresarial. Se ha formado en Teología tanto en la Universidad del Salvador como en la Universidad Católica Argentina. Ha obtenido becas en la Universidad de Columbia y se ha especializado en gestión de Organizaciones No Gubernamentales (ONG). Trabaja en el sector privado y en organizaciones sociales. Es un gran meditador y estudioso de la vida interior en medio del mundo secular.


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Este libro es una invitación a “conducir nuestra vida desde el interior, sin dejarnos arrastrar por las exigencias del reloj, las agendas externas o las meras reacciones a lo que ocurre”.


Reflexiones:

  1. REPLY
    Ariel dice:

    Excelente reflexión sobre el vital y sagrado Silencio. Gracias!!!!
    Conocí a Patricio hace unos buenos años atrás, cuando ambos recorríamos los derroteros institucionales de los dogmas y rituales. Hoy me alegra mucho encontrarlo por éstos caminos del agradecimiento y la sabiduría esencial, aportando herramientas que ayuden a abrazar lo más importante. Gracias por todo. Abrazo.
    Ariel.

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