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Del «yo» al «nosotros»

David Steindl-Rast

Br. David afirma que la oración del padrenuestro «nos lleva del ‘yo’ al ‘nosotros’. Nos confronta con nuestros deberes hacia nuestros hermanos y hermanas. Esto incluye cuestionar la exclusión y la injusticia. El cielo en la tierra sigue siendo un ideal, pero debería inspirarnos para trabajar con todas nuestras fuerzas por lograrlo».


Compartimos a continuación un extracto del diálogo entre el Hermano David Steindl-Rast y la Dra. Brigitte Kwizda-Gredler en torno a la oración del Padrenuestro, de próxima aparición en español. Dice Br. David en el prólogo:

Como médica, socióloga, y acompañante terapéutica en las llamadas «situaciones límite» tales como la demencia, la muerte y el duelo, Brigitte se sitúa en medio de los acontecimientos de nuestro tiempo, mientras que yo, como monje, tengo la perspectiva de una cierta distancia. Sin embargo, estamos profundamente conectados por el encuentro consciente, permanente y siempre nuevo con Dios, el «Gran Misterio». Todo el que lea nuestras conversaciones está invitado a participar discrepando o coincidiendo interiormente con nosotros. Tal vez incluso quiera continuar la conversación con amigos o destacar algún punto que no hayamos tocado. Esto podría ser especialmente adecuado para círculos de lectura o grupos de estudio.

El extracto que compartimos aquí corresponde a la petición “hágase tu voluntad”.

David: Hemos visto que el despliegue de la vida en el universo se encamina hacia el «Reino de Dios». Sólo el pensamiento holístico nos hace conscientes de que cada detalle de todo lo que hacemos forma parte de un movimiento con propósito.

Brigitte: Con cada pequeño paso nos acercamos cada vez más a la meta de una sociedad en que reina el amor fraternal.

David: Sí, pero no como si la meta estuviera lejos. La meta es el cumplimiento de la voluntad de Dios a cada momento; al igual que en la danza, cuya plenitud no se da al final de la canción, sino que está en el cumplimiento de cada paso individual del baile.

Brigitte: La voluntad de Dios es, como tú dices, la música de la vitalidad. Y hacemos su voluntad cuando bailamos alegremente al ritmo de esta música, momento a momento.

David: La alegría de la liberación interior es la señal de que estamos haciendo la voluntad de Dios.

Brigitte: Sin embargo, la mayoría de la gente probablemente asocia la liberación interior más con liberarse de las restricciones que imponen los mandamientos que con obedecerlos.

David: Los místicos judíos jasídicos establecieron una llamativa conexión entre la libertad y los mandamientos. En hebreo sólo se escriben las consonantes de una palabra; por lo tanto, una misma palabra puede pronunciarse y entenderse de formas muy distintas según las vocales utilizadas. En el relato bíblico en el que Moisés baja las tablas de la ley del monte Sinaí, la traducción habitual dice: «la ley de Dios grabada en las tablas». Pero los maestros jasídicos dicen: «No leas ‘la ley de Dios grabada (harut) en las tablas’, sino ‘la ley de Dios: libertad (herut) en las tablas’». Esto significa que, en un sentido más profundo, seguir los mandamientos no significa restricción, sino libertad. Incluso los bailarines sólo son libres de bailar desinhibidamente si siguen los pasos precisos.

Brigitte: Los mandamientos están condicionados por la cultura. ¿Qué hay de incondicional en ellos?

David: Todos experimentamos la orientación ética básica, innata en nosotros como seres humanos, como absolutamente vinculante. El ejemplo clásico es la Regla de Oro: «No hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a ti». Ésta es sólo una de las muchas formulaciones que expresan una conciencia ética que todos compartimos. Cuanto más se acerca un mandamiento al ethos universalmente válido, más vinculante es. Por desgracia, en todas las religiones hay mandamientos que no tienen nada que ver con la voluntad de Dios, sino que son meros prejuicios culturales formulados como preceptos religiosos, como las normas sobre el ayuno, las leyes de pureza, las normas sobre la vestimenta y los mandamientos que regulan el comportamiento sexual. Incluso hay mandamientos que contradicen la voluntad de Dios. Tales mandamientos, basados únicamente en conceptos culturales, han contribuido a menudo a las hostilidades entre pueblos y religiones.

Brigitte: ¿Cómo podemos hablar de la voluntad de Dios en relación con nuestra libertad?

David: Una comparación con la música podría ayudarnos también en este caso. Somos invitados a improvisar libremente con la música del cosmos. Al hacerlo, podemos seguir con atención y dedicación la melodía en su conjunto, o bien podemos tocar de mala gana. Esto provocará disonancias, pero el gran Director lo tiene todo bajo control para que esas disonancias también se incorporen inmediatamente a la melodía. Como resultado, la pieza en su conjunto se vuelve diferente, pero sigue siendo hermosa.

Brigitte: ¿Te tomas en serio las «disonancias» de las que hablas? Se trata de crímenes espantosos y catástrofes mundiales históricas.

David: Sí, no debemos trivializar estas “disonancias” bajo ningún concepto. Incluso los pasos en falso que inicialmente parecen inofensivos pueden desencadenar avalanchas. Cada momento de la gran danza de la vida nos ofrece muchas posibilidades diferentes para el siguiente paso. Tenemos la posibilidad de elegir; allí es donde se pone en juego nuestra creatividad. Pero no todos los pasos se ajustan al ritmo de la danza. Esto significa que tenemos que estar alertas; la impaciencia, el egoísmo y la pereza nos ensordecen ante la música de la vida y nos hacen perder el paso. Aquí, un tropiezo es sinónimo de falta de libertad.

Si una rueda no está bien asentada en el eje, hace ruido. La contemplación es el esfuerzo por volver a centrar la rueda de nuestra vida para que ruede en completo silencio, incluso cuando estamos desbordados de actividades. En medio del ruido y el ajetreo, nuestro corazón puede permanecer en quietud porque está anclado en el eterno Ahora. Esto se da, por ejemplo, cuando hacemos silencio y miramos al cielo.

Brigitte: Lo he experimentado muchas veces. Incluso los jóvenes más inquietos se quedan completamente en silencio cuando contemplan asombrados el cielo estrellado.

David: Mirar al cielo y proyectar el orden celestial en la tierra no es sólo el sentido original de la contemplación. «Así en la tierra como en el cielo» es también el eje contemplativo en torno al cual gira todo el padrenuestro. El padrenuestro presenta el ver y el hacer como un eje entre el cielo y la tierra. Allí vemos la voluntad de Dios (el orden del amor) llevada a cabo «tal como es en el cielo». Se representa en el orden del cielo estrellado, en contraste con el caos que creamos «aquí abajo».

El otro eje, el que une naturaleza y cultura, está hoy más cerca de nosotros. En este eje vemos el orden de Dios reflejado en la naturaleza; por ejemplo, en el reciclaje de materiales en contraste con la destrucción del medio ambiente por contaminación con basura. Ambos ejes son necesarios para nuestra orientación; en ambos se trata de descubrir la voluntad de Dios y hacerla.

El padrenuestro nos lleva del «yo» al «nosotros». La palabra «nuestro» en el padrenuestro nos confronta con nuestros deberes hacia nuestros hermanos y hermanas. Esto incluye cuestionar la exclusión y la injusticia. Para mí, el cuestionamiento se expresa de forma muy concreta formulando preguntas incómodas en la vida cotidiana, ayudando a despertar a quienes nos rodean. Demasiados crímenes en nuestro mundo sólo pueden cometerse porque se encubren. El padrenuestro nos alienta a cuestionar todo lo que es cuestionable a la luz de la conciencia del «nosotros». El cielo en la tierra sigue siendo un ideal, pero debería inspirarnos para trabajar con todas nuestras fuerzas por lograrlo.

Brigitte: Este entusiasmo también nos transforma.

David: Esta transformación tiene lugar cuando nos conectamos unos con otros y trabajamos por una sociedad más justa. Al mismo tiempo, nuestra felicidad al hacerlo es también el cumplimiento de esta petición del padrenuestro, ya que Dios quiere nuestra felicidad.


Reflexiones:

  1. REPLY
    Sandra dice:

    perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos tambien….
    siempre me resono esta oracion, pidiendo de forma peculiar q perdone nuestras ofensas…y a la vez asegurando q perdonamos nosotros a nuestros hermanos… como un bien q nos hacemos a nosotros mismos y q aseguramos hacerlo….

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