“La profunda confianza en la vida no es un sentimiento, sino una posición que debemos tomar deliberadamente. Es la actitud que llamamos coraje” (Br. David Steindl-Rast).
En nuestra vida, a menudo nos encontramos ante una disyuntiva: confiar o temer. Como dice Br. David, “la elección entre el miedo y la confianza implica, en última instancia, o bien insistir en que las cosas deben ser como nosotros las planeamos, o bien confiarnos a la corriente de la vida”.
Confiar en el misterio de la vida es aprender a fluir con ella; es confiar en que “hay fidelidad en el corazón de todas las cosas”.
Cada momento de nuestras vidas es una oportunidad única, y se nos da como un regalo. El secreto está en afrontar la vida con confianza, sin temor, abiertos a sus sorpresas y dispuestos a cooperar con voluntad tenaz para aprovechar cada segundo.
Quienes avanzan están en camino. Pero avanzar significa dejar atrás el camino con cada paso que damos.
Resulta conmovedor pensar en un plano de existencia en el que toda respuesta valiente, compasiva y creativa a la vida, encuentra su regreso a casa en un nivel más profundo, y allí es preservado, quedando grabado para siempre.
La fe no significa creer algo. La fe consiste en una valiente confianza en la vida; es la respuesta a la fidelidad que radica en el corazón de todas las cosas.
La verdadera libertad consiste en vernos libres del miedo.
Si confiamos en la Vida, ella nos conducirá a través de la estrechez hacia buen puerto. Al fin y al cabo, vinimos a este mundo a través del estrecho canal de parto, y cada situación estrecha puede convertirse en la oportunidad de un nuevo nacimiento.
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