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“¡Yo tengo un sueño!”

En el aniversario del nacimiento de Martin Luther King, activista por los derechos humanos y Premio Nobel de la Paz (1964), compartimos una breve semblanza y un extracto de su discurso “¡Yo tengo un sueño!”



Martin Luther King Jr. fue durante muchos años la voz de los afroamericanos que sufrían la segregación racial estadounidense. Estuvo al frente de diversos movimientos no violentos reclamando la universalidad de derechos civiles básicos, como por ejemplo el derecho al voto. Por su actividad encaminada a terminar con la segregación y la discriminación racial a través de medios no violentos, fue condecorado con el Premio Nobel de la Paz en 1964.

Martin Luther King era el dirigente de una de las seis grandes instituciones por los derechos civiles que organizaron la marcha en Washington por el trabajo y la libertad. Entre otras demandas, la marcha tenía el objetivo de pedir el fin de la segregación racial en las escuelas públicas y una ley que prohibiese la discriminación racial en el mundo del trabajo.

Durante esta marcha, Martin Luther King pronunció su conocido discurso I Have a Dream (Yo tengo un sueño). King sueña con una sociedad diferente, en la que blancos y negros puedan convivir en paz y como iguales. Es considerado una pieza maestra de retórica, y decisivo para los objetivos del Movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos. Ofrecemos a continuación un extracto:

Yo tengo un sueño: Que un día esta nación se elevará y vivirá el verdadero significado de su credo. Creemos que esta verdad es evidente: que todos los hombres somos creados iguales.
Yo tengo un sueño: Que un día en las coloradas colinas de Georgia, los hijos de esclavos y los hijos de los propietarios de esclavos se sienten juntos a la mesa de la hermandad.
Yo tengo un sueño: Que un día, incluso el estado de Mississippi, un estado desierto, sofocado por el calor de la injusticia y la opresión, será transformado en un oasis de libertad y justicia.
Yo tengo un sueño: Que mis cuatro hijos pequeños vivan un día en una nación donde no sean juzgados por el color de su piel, sino por el contenido de su carácter.
¡Yo tengo un sueño hoy!
[…]
Yo tengo un sueño: Que un día cada valle será exaltado, cada colina y montaña será bajada, los sitios escarpados serán aplanados y los sitios sinuosos serán enderezados, y que la gloria del Señor será revelada, y toda la carne la verá al unísono.
[…]
Con esta fe seremos capaces de transformar las discordancias de nuestra nación en una hermosa sinfonía de hermandad. Con esta fe seremos capaces de trabajar juntos, de rezar juntos, de luchar juntos, de ir a prisión juntos, de luchar por nuestra libertad juntos, con la certeza de que un día seremos libres.
[…]
Y cuando esto ocurra, cuando dejemos resonar la libertad, cuando la dejemos resonar desde cada pueblo y cada caserío, desde cada estado y cada ciudad, seremos capaces de apresurar la llegada de ese día, cuando todos los hijos de Dios, hombres negros y hombres blancos, judíos y gentiles, protestantes y católicos, serán capaces de unir sus manos y cantar las palabras de aquel viejo negro spiritual: “¡Por fin somos libres! ¡Por fin somos libres! Gracias a Dios todopoderoso, ¡Por fin somos libres!”

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