Los rituales son más que acciones ejecutadas por costumbre: tienen el poder de conectarnos y de darle sentido a nuestra vida. ¿Qué rituales, personales o comunitarios, queremos sostener en este año que comienza?

Los rituales, tanto los establecidos como los que creamos nosotros mismos, sirven de anclas: nos dan estabilidad e impregnan de sentido a nuestras acciones.
—Michael Norton
Independientemente de las zonas horarias, hemisferios y culturas, en todo el mundo se celebra el 31 de diciembre como el final de un año y el 1 de enero como el comienzo de otro. Hay fuegos artificiales, brindis, bailes y oraciones; hay cuentas regresivas, comidas especiales y propósitos. Rituales, grandes y pequeños, para marcar el cambio de año.
Desde las celebraciones comunitarias, como la llegada del Año Nuevo, hasta las celebraciones personales que acompañan momentos importantes de nuestra vida, los rituales iluminan nuestro camino. Nos unen en la celebración, la gratitud y la pérdida. Nos acompañan cuando más lo necesitamos, convirtiéndose en guías a lo largo del camino. Incluso a veces un ritual puede ser clave para nuestra transformación personal.
Mientras que algunos rituales se celebran en el marco de una tradición religiosa, otros son creados y sostenidos por la comunidad secular, por las familias y los amigos, y por cada uno de nosotros en el ámbito personal. Independientemente de la forma que adopten, lo que distingue al ritual de un simple hábito es su carácter sagrado: hay algo misterioso e invisible que trasciende el mero hecho de ejecutar determinadas acciones. Los rituales permiten experimentar nuestro sentido de pertenencia, ver nuevas posibilidades y ser transformados o sanados.
Lo que distingue al ritual de un simple hábito es su carácter sagrado: hay algo misterioso e invisible que trasciende el mero hecho de ejecutar determinadas acciones.
Que los rituales tienen un gran poder lo sabemos por experiencia: conocemos las lágrimas de alegría en nacimientos y bodas, sabemos del silencio compartido durante un duelo, conocemos la emoción de transmitir un ritual familiar a los más jóvenes.
La historia de la humanidad es también testigo del poder del ritual. Pensémoslo: durante cualquier conquista, los rituales son una de las primeras cosas que prohíbe el opresor. Negar los rituales es un intento de negar el poder, la pertenencia y la conexión del grupo sometido. Continuar celebrando rituales en secreto, incluso corriendo un gran riesgo, siempre ha sido una forma de luchar y de cuidar los lazos culturales y familiares, esenciales para la supervivencia.
Al comenzar un nuevo año, pensemos de qué forma pueden los rituales guiar nuestro camino, recordando las palabras del hermano David Steindl-Rast: “Todos los rituales son, de alguna manera, una expresión de gratitud”.
Joe Primo
Joe Primo, discípulo de Br. David desde su juventud, es el actual Director General de Grateful Living. Su charla TED «El dolor es bueno» replanteó el paradigma del dolor como un recurso de respuesta. Es conferencista y autor de numerosos artículos.









Te invitamos a compartir tus reflexiones: