Este personaje de la mitología, que pretendía hacer “encajar” a sus huéspedes a las medidas de su lecho, es un símbolo de quienes pretenden acomodar la realidad a sus propios parámetros. Procusto es también figura de quienes pretenden que todos seamos iguales, “cortados con la misma tijera”.

El ateniense Procusto era un bandido muy especial. Poseía un castillo en las afueras de Atenas, allá en la antigua Grecia. Su principal pasatiempo era seducir a los viajeros, a quienes invitaba a pernoctar en su residencia, done los agasajaba con una copiosa cena y festejos diversos.
Hete aquí que Procusto era bastante obsesivo con las medidas y las normas. Por eso había ideado una original cama donde se acostaban sus ocasionales huéspedes. Las personas debían entrar justo en el lecho. Si el infortunado invitado medía menos que el lecho, era “estirado” mediante tenazas atadas a manos y pies para que coincidiera con la medida del lecho (de allí su nombre de Procusto, que significa “estirador”). Si la estatura del viajero era mayor que el lecho de Procusto, éste recurría a un hacha de gran filo y amputaba las piernas hasta lograr el largo adecuado.
Esta leyenda de Procusto ha quedado para siempre en la tradición popular y en la literatura universal, como una expresión proverbial para referirse a quienes pretenden acomodar siempre la realidad a sus intereses o a su particular visión de las cosas. Todos debemos aprender a no interpretar según nuestro patrón de conducta o nuestra propia psicología, sino observando y escuchando, siendo receptivos y abiertos, procurando no usar recetas ya hechas, ni soluciones prefabricadas o consejos repetidos.
¿Cuál es tu reflexión?
¿Cuánto tenemos de “Procusto” cada uno de nosotros?
¿En qué ocasiones hemos pretendido acomodar la realidad a nuestros parámetros?
¿Vemos en la sociedad este “Síndrome de Procusto”? ¿Se trunca de alguna manera a quien “sobresale”?
¿Se tiende a que todos seamos iguales, sin respetar las diferencias?
¿En qué medida vemos esto reflejado en la educación?
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Marta dice:
22 febrero, 2026a las02:53Si, tristemente lo he vivido en varias ocasiones en el trabajo. Hasta que, obviamente tuve que dejar.
El orgullo que siento es que no he hecho cosas que fueran en contra de mis principios.
Es lamentable que como a los cargos no se llega por mérito, nos dan órdenes estos Procustos (idiotas inútiles).
Deseo que el cambio cultural que está surgiendo en el mundo sea tan genuino y consecuente como para poder tener más estabilidad social, cultural y económica.
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