
David Steindl-Rast
Compartimos el mensaje que Br. David envía a los participantes del retiro «Ternura y gentileza ― Gestos que cuidan», llevado a cabo del 7 al 9 de noviembre en Buenos Aires. Una invitación a ser constructores de paz, recordando que «en lo más profundo de nuestro ser, somos seres de amor, empatía e interconexión».

Queridos amigos de Argentina:
Mientras les escribo estas palabras, se me vienen a la mente muchos de sus queridos rostros. Me resulta fácil sentirme cerca de todos y cada uno de ustedes. Sentirnos cercanos unos a otros es un gran regalo en medio de este mundo alienado. Todos sentimos una profunda necesidad de esta cercanía. Por eso, agradezco profundamente por la comunidad que hemos formado gracias a nuestro esfuerzo compartido por dedicarnos al vivir agradecidos.
Esta comunidad es un regalo para el mundo entero. La gratitud, como bien saben, es una herramienta poderosa para generar cambios en nuestro mundo pobre y herido. Me alegra mucho que se enfoquen en construir la paz, recordando quiénes somos realmente en lo más profundo de nuestro ser. Como bien lo expresaron los organizadores del retiro: «En lo más profundo de nuestro ser, somos seres de amor, empatía e interconexión». Tomar conciencia de ello es un gran paso hacia la construcción de la paz.
Darnos cuenta de que somos seres de amor transforma el desorden de la indiferencia y la frialdad, tan extendidos en el mundo actual.
Una larga tradición de sabiduría en Occidente define a la paz como tranquilitas ordinis, tranquilidad en el orden: la quietud interior y exterior que florece cuando todas las cosas están en su debido orden. Darnos cuenta de que somos seres de amor transforma el desorden de la indiferencia y la frialdad, tan extendidos en el mundo actual. Darnos cuenta de que somos seres empáticos transforma el egoísmo insensible con el que tantas personas se cruzan sin darse cuenta de las necesidades ni de los talentos de los demás. Allí donde reina el orden del amor (que es el único orden verdadero) se enriquece toda la sociedad.
Además, si entre nosotros reina el amor, demostramos que somos seres interconectados. Lo demostramos no solo con palabras, sino con nuestra forma de vivir, y nuestras acciones hacen madurar el amor en su sentido más pleno. ¿Recuerdan nuestra definición del amor? El amor es nuestro «sí» vivido a la pertenencia ilimitada. Esta es la razón por la que San Agustín puede decir: Ordo est amoris, el orden es amor. Podemos interpretar sus palabras diciendo que un orden verdadero y vivificante brota allí donde el amor es genuino. Se darán cuenta de por qué me gusta tanto esa cita de los organizadores, que ya somos, en nuestro nivel más profundo, seres de amor, empatía e interconexión. Esto significa que solo tenemos que ser nosotros mismos para ser instrumentos de paz.
Me hizo muy feliz saber que el tema central del retiro de este año era convertirse en constructores de paz. Sí, constructores de paz: esto es en lo que todos debemos esforzarnos por convertirnos mediante el amor, la empatía y la interconexión. «Restaurar el orden en el mundo» es simplemente otra forma de decir «construir la paz». Y también me alegró que se enfocaran en las dos fuerzas transformadoras, que son la ternura y la bondad. A menudo pasan desapercibidas y, sin embargo, son los instrumentos más poderosos para construir la paz.
Afortunadamente, la ternura y la bondad habitan en nosotros por naturaleza. Cuando pierden su fuerza, una forma de revivirlas en nuestro interior es recordar la forma en que los músicos afinan sus instrumentos. A mí me gusta hacerlo recitando uno de mis poemas favoritos: «El guitarrista afina», de Frances Cornford (1886-1960):
Con qué atenta cortesía se inclina
sobre su instrumento;
no como un conquistador soberano
que domina las cuerdas y la madera,
sino como un hombre con su mujer amada,
preguntándole con placer
qué pequeñas cosas esenciales ella tiene que decir
antes de que ambos, él y ella, comiencen a tocar.
¡Qué celebración de ternura y bondad son estas líneas! Podemos cerrar el círculo de la paz recordando la oración de San Francisco: «Señor, haz de mí un instrumento de tu paz». La sonora palabra strumento, que el santo utiliza aquí, no significa cualquier instrumento, sino un instrumento musical. Este es, pues, mi ferviente deseo para cada uno de ustedes, mi oración por todos nosotros:
Dador de todos los dones,
haz que sonemos juntos con alegría
como instrumentos bien afinados de tu paz,
mediante la ternura y la bondad.
Amén.
Tu hermano David
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