“Nos cuesta mucho admitir que cada uno de nosotros está implicado en haber creado este mundo que no tiene paz. Mientras no podamos aceptarlo, permaneceremos en un mundo en el que existimos “nosotros” y existen “ellos”. Pero si admitimos el hecho de que todos somos uno, entonces habremos alcanzado un comienzo para construir la paz” (Br. David Steindl-Rast).
Podemos contribuir a la paz mundial desde nuestro lugar, irradiando bondad a nuestro alrededor con una sonrisa, una palabra de aliento o algún servicio. Estos pequeños gestos son como piedritas arrojadas al agua que dibujan círculos cada vez más amplios.
El espíritu humano es uno. Echemos raíces en sus profundidades: allí reside la única fuente de paz posible.
La paz del corazón se sitúa a tan solo un pensamiento agradecido de distancia.
Dado que no puedo influir directamente en la paz del mundo, puedo hacerlo indirectamente irradiando bondad en mi entorno mediante una sonrisa, una palabra de aliento o algún servicio.
Si admitimos el hecho de que todos somos uno, entonces habremos alcanzado lo que puede ser un comienzo para construir la paz.
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