Solemos poner condiciones para sentirnos agradecidos, y por lo tanto, para ser felices. El secreto está en abrazar el misterio de la vida, que implica luces y sombras, llantos y alegrías. “Se trata de aprender a vivir dentro de esta realidad”.

¿Alguna vez has tenido un día, un momento o una experiencia en la que hayas pensado: “Esto sería perfecto si…” ?
A menudo hacemos que desaparezca la felicidad que tenemos ante nosotros poniendo expectativas y condiciones a la oportunidad de estar agradecidos, a la oportunidad de ser felices. Estas condiciones suelen incluir algunas palabras comunes: pero…, si…, cuando…, tendría que… Estas condiciones también incluyen factores internos como la vergüenza o la culpa. Las condiciones que inhiben la gratitud también inhiben la felicidad.
En mi caso, si me pregunto por algún sonido que exprese alegría desinhibida es el sonido de los niños chillando en una piscina. Esos agudos chillidos de alegría llaman mi atención como una alarma.
Aunque pasé muchos veranos de mi infancia junto al agua, recuerdo que una sola vez participé en semejante alegría. Me percibía como un niño con sobrepeso, y esa percepción me hacía avergonzarme de ir a nadar. Incluso ahora, décadas después, evito una fiesta en una piscina casi como evitábamos las multitudes durante la pandemia. Esta vergüenza infantil que arrastro hasta hoy tiene un gran costo: no me alegro de mi corporeidad, este extraordinario regalo de estar vivo y habitar un cuerpo plenamente funcional. El costo no son las fiestas que me perdí o los chapuzones que no di. Es mucho más. Llegará el día en que mi cuerpo ya no funcione plenamente, y hoy, que todavía funciona, no lo disfruto plenamente. No celebro mi corporeidad. No agradezco este regalo.
Aunque conozco y comprendo esta verdad, sigo diciéndome a mí mismo que me tiraré a la piscina cuando pese 5 kilos menos o cuando sea la persona más delgada de la fiesta. Éstas son las condiciones que pongo para mi agradecimiento. Son las limitaciones que pongo a mi felicidad. ¿Y qué provoca esa falta de gozo? El miedo. Siempre es el miedo, tanto interno como externo.
Si bien la felicidad no es un camino fácil, tampoco lo es la infelicidad. De hecho, hay demasiadas oportunidades para no ser felices: la tristeza, el trauma, la tragedia, la enfermedad, las injusticias, las desigualdades económicas, la corrupción, la destrucción del medio ambiente, etcétera.
¿Cuánto te perderás mientras esperas a que se den las condiciones adecuadas? ¿Cuándo serás feliz?
Por supuesto, puedes establecer perímetros para tu felicidad y decidir que sólo serás feliz cuando toda la energía sea renovable, se eliminen las injusticias, se erradiquen las disparidades socioeconómicas, ningún ser querido muera antes que tú, tu cuerpo aguante hasta que cumplas 101 años, y los humanos por fin entendamos que todos merecemos dignidad y amor. Sí, por supuesto, puedes esperar a que se den esas variables externas (esas condiciones) que no puedes controlar ni cambiar. Pero me pregunto ¿cuánto te perderás mientras esperas a que se den las condiciones adecuadas? ¿Cuándo serás feliz?
El Dalai Lama y Desmond Tutu elaboraron juntos una lista de ocho pilares que conducen a la felicidad: Perspectiva, humildad, humor, aceptación, perdón, compasión, generosidad y gratitud. Un practicante del vivir agradecidos reconocerá que estos atributos sustentan una vida agradecida, y los ocho pilares requieren un trabajo interior desde la juventud hasta la muerte. En otras palabras, la felicidad no es un deseo nocturno que llega por la mañana. Es todo un trabajo orientado a practicar la gratitud. Esta orientación está abierta a la felicidad en todo momento, sin importar el contexto.
Dos notables austríacos, sobrevivientes de la Segunda Guerra Mundial, han dicho mucho sobre la felicidad. Victor Frankl y el Hno. David Steindl-Rast son precisos en su pensamiento, y lo que expresan está relacionado con descubrir el sentido de nuestra vida. Encontrar lo que le da sentido a nuestra vida es fundamental para la felicidad, ya que la forma en que nos sentimos a gusto con nuestra vida es lo que nos libera del miedo.
A medida que descubrimos el sentido de la vida, somos capaces de abrazar la paradoja de la existencia. El sufrimiento siempre está presente. La felicidad siempre está presente. Están aquí juntos, y siempre lo estarán. Se trata de aprender a vivir dentro de esta realidad.
Para que la felicidad se imponga al miedo, debemos dejar de ponerle condiciones a la gratitud. ¡Ojalá nos veamos pronto junto a una piscina!
Joe Primo
Joe Primo, discípulo de Br. David desde su juventud, es el actual Director General de Grateful Living. Su charla TED «El dolor es bueno» replanteó el paradigma del dolor como un recurso de respuesta. Es conferencista y autor de numerosos artículos.


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Evelin dice:
1 febrero, 2025a las14:05Es maravilloso lo expresado.
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